lunes, 23 de noviembre de 2015

Maria y Luis (Burgos)




Mi segundo Camino a Santiago  Francés, año…… 1992, cerca de Burgos. Eso no era llover, era el diluvio universal, agua por todas partes, impresionante. Hay que recordar que en esa época no se conocía apenas lo del Gorotex. Mi indumentaria en Invierno (mis Caminos a Santiago siempre son en invierno, nada que ver con otra época del año) era pantalones de pana con camisa de franela, anorak y botas chirucas, las de toda la vida, de loneta y mochila Altus de tubo. Embarrado, mojado hasta los calzoncillos, oigo una voz que me supongo que se dirige para mi, ya que estoy solo, no puede ser para nadie mas. Desde la ventana de una pequeña casa una señora me llama para que pare y me refugie en su casa, me acerco a la casa y le comento que muchas gracias pero que prefiero continuar, ya que me queda un tramo hasta llegar a mi destino ( en esos años no existían albergues ni públicos ni privados, se dormía donde se podía, en casas parroquiales, en la calle o en la casa de alguna alma caritativa, apenas si se conocía el Camino a Santiago ) me pide de nuevo que pare, que me ponga junto la lumbre de la casa y que espere a mañana, ya que dejara de llover y seguro que el Camino estará mucho mejor. Después de pensármelo un poco accedo a subir con la condición que una vez seco marchare, si es que puedo.

 Ya en la casa y semi desnudo, tapado por una manta hacemos las presentaciones en medio de una monumental bronca por parte de la Señora María, Luis su marido al lado, cabecea de lado a lado diciendo que estamos locos los Peregrinos, que por allí pasan algunos, pero que estamos todos locos. Delante del fuego de la chimenea de la cocina y con un cuenco de caldo, María me esta limpiando la ropa de barro y la que puede la pone cerca del fuego para que se seque, es entonces cuando me doy cuenta de cómo estoy físicamente. Entumecido, los labios morados y los pies que apenas los siento, es penoso mi estado, aunque andando no me percatara ni me diera cuenta de ello. 


Mientras me recuperaba hablábamos del Camino, de la gente, de las personas que solían encontrarse y demás. Que ellos nunca salían del Pueblo, que lo que conocían era  atreves de la T.V. y de las largas charlas que compartían con los lugareños, sus vecinos que a su vez eran casi todos familiares, en fin, gente de pueblo de verdad. Ya casi podía hablar con normalidad y ya de noche, aunque fueran las seis de la tarde, hora normal para ellos de irse a la cama, pues si bien que madrugaban para cuidar de los animales y ordeñar las doce bacas que tenían, antes de que el camión de la leche pasara a recoger los bidones metálicos ya preparados para esos menesteres. Me encontraba muy a gusto, gente muy tranquila y amable, de verdad.

María me llama para decirme que ya tengo la cama preparada, que pase y descanse, mañana será otro día . Al entrar a la alcoba hay una cama de las de hierro, con colchón de lana, como es normal y una foto de un señor encima de la mesita. Me comenta que era su padre que falleció la semana pasada, pero que no me preocupe, que ha cambiado las sabanas y el orinal de debajo la cama esta limpio ¡!!!!¡¡ Menos mal, jajajajaja, cada vez que lo pienso me parto de risa.
Ahora con los años puede parecer simplemente una anécdota, os puedo decir con toda seguridad que no lo es, era un poco de casi todo, pero lo que mas era supervivencia dura y pura. En los Caminos no había flechas como ahora, no estaba indicado de ninguna forma, si no recuerdo mal, en ese año, salio la primera Guía Turística de el País Aguilar. Tenias que preguntar a quien no tenia ni idea de lo que le preguntabas, te mandaban hacia la izquierda, no, a la derecha, que dices es por el pueblo anterior, que no hombre que no............en fin, parte de una odisea natural de la época. No había albergues ni restaurantes con menú del Peregrino, bieennnn. En mi caso, viajaba con un pequeño fogón de gas y un pequeño cazo para poderme cocinar algún sobre de sopa Gallina Blanca y poco mas.
Por la mañana, al despertarme me encuentro en la habitación toda la ropa preparada y dispuesta encima de un baúl de madera, me recordó por unos momentos al baúl de mi abuela, jugábamos con mis hermanas a disfrazarnos y el mejor método era abrir el baúl de madera de la abuela. Las botas secas al lado de la mochila limpia, parecía nueva, impresionante. Al bajar hasta el primer piso donde se encontraba la cocina, me encuentro con Maria y Luis, esperándome para desayunar. Buenos días, que hora es ?? Las diez hijo, las diez. Había dormido como un lirón, algo que hacia mucho tiempo que no hacia, ya por norma  yo suelo despertarme cada día mucho antes de que salga el sol y sin despertador.

Estas cosas ya por desgracia casi no se producen, causado sobre todo por la masificacion en los Caminos, caraduras y vividores que se han aprovechado de las buenas gentes. Si es verdad que yo toda vía duermo en garajes, trasteros, almacenes, etc. sobre todo por que yo viajo fuera de ''temporada Turigrina'', en invierno.

Para agradecer el trato dispensado por el Matrimonio decidí que cada año les mandaría una carta explicando un poco el transcurso de lo vivido en ese año, a si como un décimo de lotería de Navidad. Fueron unas cuantas cartas durante unos cuantos años. De la lotería decir que alguna pedrea y nada mas, pero dicen que es mas el detalle que el valor, no ?? A mi me dieron mucho de detalle y de valor y seria como corresponder a un amor sin tener necesidad de quedar bien.

En el año 2009 recibí una carta sellada en Salamanca. Me extraño mucho ya que yo no tengo a nadie relacionado ni por asomo con esa ciudad. Cual es mi sorpresa, me escribe uno de los hijos de Luis y Maria, pero no son buenas noticias. Me informa que su padre falleció hace unos días y que por encargo de su madre el me manda ese correo. Me cuenta que todas las navidades cuando estaban sentados en la mesa con toda la familia, Luis les leía mis cartas y compartía el décimo de lotería con todos ellos. Yo no soy de lagrima fácil, me cuesta mucho exteriorizar mis sentimientos y menos con lagrimas, pero en esa ocasión os aseguro que eran lagrimas tanto de pena como de alegríaSentí mucho su muerte, su perdida, que aunque solo nos viéramos una vez y fueran unas cuantas horas os aseguro que me llegaron al corazón y marcaron un poco mi futuro respecto a mirar  y tratar a la gente con la que e vivido o convivido. Me quedaba una pequeña espina clavada en el alma al recordar de que podía haber pasado en alguna otra  ocasión y tener la oportunidad de saludarlos de nuevo. Tome la decisión de que tenia que ir a visitar a Maria y a poder ser para las navidades y a si mirar de coincidir con los hijos, poderlos conocer seria satisfactorio para mi a parte de gratificante, supongo. En el 2011 y después de hablar con el hijo que me mando la carta, quedamos que pasare en una fecha ya indicada para poderlos conocer y a si visitar a su madre, seria una sorpresa que Maria nunca se esperaría, estaba invitado a comer el día de Navidad con toda la familia, ufff......nervios.

Hay detalles que ya no hacen falta comentar, pero si os diré que es casi el mejor día de Navidad que e pasado de toda mi vida, no se puede explicar con palabras lo vivido en esa fecha. Las lagrimas de Maria cuando entre por la puerta con todos ellos sentados en la mesa no se pagan con km. de Camino de Santiago. Eso si, llegue haciendo el Camino y esa noche también dormí en su casa. Se lo merecían, se lo devia.
Posiblemente os estaréis preguntando muchas cosas, pero la mas importante es, supongo yo; Y ahora por que nos cuenta esto, no ???

Este año 2015 a fallecido Maria y e creído oportuno dedicarles a los dos, unas palabras de agradecimiento, unas palabras con todo mi amor y corazón. No puedo describir lo mucho que siento su perdida, sobre todo por que tiempo después me entere que no había sido yo el único peregrino que había pernoctado en su casa, pero si el único que se lo agradeció durante muchos años. Son palabras de sus hijos.

Luis, Maria, ya no puedo mandaros mas cartas, ya no podréis leerlas mas en la mesa el día de navidad junto a los vuestros. Os echare de menos. Un abrazo a los dos.
Hasta siempre.



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