sábado, 24 de abril de 2010

Historia de Una Pinza de Tender Ropa 4º


Ya es de día, ha salido el sol y es tarde, este Mozuelo, tal como el se denomina, es un hombre de unos 60 años, no tiene prisa, dice que ya llegara, no es la primera vez que hace este Camino, se lo conoce bien y le da lo mismo aquí que allá.

He pasado la tarde noche con Ramón, mi compañera de cuerda, pero Ramón? No es una Pinza? Bueno, es igual, me da lo mismo, somos Pinzas, es suficiente para mi, hacemos nuestro trabajo y ya esta. Ya se han ido todos el Mozuelo ahora recoge la ropa, la plega y recoge, pone todas las pinzas restantes dentro de una bolsa de plástico menos a Ramón y a mi. Este se lo toma con tranquilidad, ya me gusta y mas cuando me he librado de ir en la mochila encerrado en la pequeña bolsa de plástico, pero lo que no se es lo que hacemos encima de la mesa de la cocina, siempre la mesa, el recoge las cosas del desayuno, tiene una bolsa de galletas y para cerrarla y que no se pierda utiliza a Ramón, a mi me engancha en una bolsita de almendras y me deposita en la malla exterior de la mochila, Ramón esta en el interior de un bolsillo, hoy tampoco vera la calle, yo si, tengo mas suerte.



Ramón, menudos cuentos nos hemos explicado, es un krac, no hemos parado menos mal que nadie nos oye, si no seguro que molesta riamos al resto de las compañeras y nos llamarían la atención. Me ha contado que hace ya mucho, que no recuerda cuanto, pero si de mucho que esta en el camino, ha pasado mucho y mas, se paso todo un invierno colgado de una cuerda vigilando a un pañuelo, al parecer nadie le echo de menos, a nadie le importo que estuviera tanto
tiempo en la intemperie, frió, agua y nieve, jo, nieve, a esa no la he visto yo, pero dicen que es preciosa, que te tapa toda y que te quedas tiesa, humm, parece divertido.



Este Camino es diferente de los demás, hay playa, es muy suabe y tranquilo, al igual es por que este Mozuelo viaja solo, no se junta con nadie, no comparte vida en grupo, pero si que se para muchas veces, eso me da tiempo a contemplar el paisaje, lo que daría yo por bañarme en una de esas lindas playas, pero se esta bien tumbado en la arena, es una buena sensacion, además tengo unas vistas de escandalo, estoy (como casi siempre) encima de una mesa, ha sacado la bolsita de almendras en la cual me encontraba enganchado haciendo otro de mis trabajos, el no tiene prisa y por lo que parece esta noche dormiremos en la playa, emocionante no?

He pasado la noche sujetando la ropa, mirando hacia el horizonte,con el reflejo de una luna casi llena, reflejada sobre una mar calma, sin viento, sin olas, el hombre cito sentado casi toda la noche mirando hacia el mar, despierto y por momentos mirando hacia otro lado, girando su cabeza con suavidad, como si buscara algo, que no encontraba, al final de la noche se quedo dormido encima de la arena, cerca del agua, hasta que los primeros rayos de sol le levantaron y dispersaron sus sueños, sueñas, que como casi todos a los que encontré en el Camino, al final cumplieron.

Su paso es cansino, lento, pero firme, con la cabeza un poco agachada, como si meditara, como si temiera el tener que llegar a su destino, anda solo, yo colgada de nuevo con la Tau, no me ha dicho nada, al parecer el hombre cito puso la mochila de espaldas al mar y Tau no pudo presenciar el espectáculo de la puesta y salida de sol, no le digo nada, pero que se fastidie, por orgullosa, no se puede quejar, Ramon sigue en el bolsillo de la mochila y también se ha perdido el espectáculo, yo no lo olvidare nunca, otra para contar.

El hombre sale del albergue y es media tarde, lleva unos papeles en la mano, Ramón, dos pinzas mas y yo, se los sujetamos, a estas no las conocíamos, no tienen nombre, pero nos acompañan, el no lleva la mochila, por lo tanto Tau se queda y tampoco hoy podrá disfrutar de la puesta de sol, es al sitio adonde se dirige el, mas arreglado que estos días, mas tieso, hoy tiene el paso mas lijero, con mas seguridad, al fin del mundo dice que vamos, pues adelante, que no lleguemos tarde.
Sentados en un acantilado, con unas vistas al mar, con el sol en su declive, cerca de su puesta, hay mas gente, pero separados, pocos están en grupos, estamos sentados de espaldas a un faro, comentan que es uno de los faros mas importantes de cuantos existen, que ha salvado muchas vidas, cerca de nosotros hay un fuego donde la gente se hacer ca a quemar cosas, agradecen el poder haber llegado hasta ese punto tan cercano al infinito, a lo mas lejano, algunos se quedan de rodillas como agradeciendo ese fuego.

El sol se esta poniendo, ya solo queda la mitad por encima del mar, de unas pequeñas olas, el hombre se levanta lentamente y se acerca hacia donde esta el fuego, no hay nadie mas, solo el, nosotras con los papeles y el fuego, con cuidado se agacha, se arrodilla, parece que esta rezando, como lo hacían en la Catedral, pero aquí el aire es puro, limpio, solo huele a mar, a libertad.

Con un gran respeto el hombre cito nos recoge en sus manos, nos besa mientras unas lágrimas sentidas caen encima nuestro, no se lo que dice, habla muy bajo, musita alguna cosa que no puedo entender, unos breves momentos de soledad, mira hacia el cielo, mira el sol casi diminuto y cortado por una fina linea de fondo y nos deposita en el fuego, esto es estraño, no lo había visto ni notado nunca, estamos ardiendo cuando veo al hombre que se levanta y con los brazos abiertos y en alto grita,¡ Es el Final de mi Camino, de tu Camino! También del nuestro, estamos ardiendo.

Ya no queda nada mas que cenizas, Ramón y las otras pinzas no dicen nada, yo tampoco, hemos cumplido un sueño, casi sin querer y con mucha suerte, llegar hasta Santiago y después de recompensa, el Fin del mundo, hemos acometido con nuestro trabajo y al final también hemos sido compensados, hemos sujetado las promesas del hombre cito, hemos sujetado el dolor de ese hombre, hemos caminado con mas personas, hemos trabajado y al final nos han recompensa do.
Estará el hombre tirado en la acera de la calle?

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FIN.
Derechos de Autor; Joan Alcala i Sanchis
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Roca del Corb i Sant Honorat.